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El Braulio

Toda aventura es una experiencia enriquecedora, más si las expectativas que uno tiene son excedidas de forma que uno no se imaginaba.

El Braulio Carrillo, al menos para mi, no era, antes de esta expedición, un lugar en donde yo me imaginaba encontrar el paraíso tan bello como lo hicimos.

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La perfección que nos rodeaba.

Javi de The Waterfall Trail, Luna y yo nos aventuramos con unos Baquianos hacia las dos Cataratas. Fueron caminatas largas, más no tan cansadas como lo fue Las Nubes. Rodeados de verde y de colores que no había cámara que lograra captar, caminas al menos unas 2 horas para llegar a la primera catarata, en donde planeamos dormir para ver la misma en la madrugada.

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Hay escalas que por más que uno vea, no se puede sentir hasta que uno está ahí debajo.

Esta fue una de las experiencias más intensas que hemos tenido, dado que el bosque tropical y a pesar de que nos llovió un poco, es sumamente oscuro y cambiante de temperaturas. En esa tarde, después de arreglar el sitio en donde dormimos y haciendo trillo, escuchamos todo el momento en el que estuvimos ahí la perfecta catarata de Rio Blanco.

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Rios del camino.

Los tres decidimos tomar caminos separados para encargarnos de tomar fotografías y explorar el bosque sin irnos demasiado lejos. Javi y yo nos quedamos cerca de la catarata a pesar de que no teníamos visual de cada uno en un momento; así de monumental es este cañón. Luna por su lado se fue a explorar el bosque. Ya cuando la noche empezó a caer, Javi y yo nos encontramos y vi la cara de pánico que tenía y me contó con asombro que una culebra le pasó muy cerca de los pies, y siguió el camino que llevaba.

Asustados, fuimos a buscar a Luna. ¡No la encontrábamos por ningún lado! Salimos corriendo machete y focos en mano para buscarla. ¡Estaba dormida al lado del rio con la Jacket roja puesta y totalmente en su mundo!

Finalmente pasamos la noche oscura ahí (anocheció desde las 4:30 pm) y vimos el amanecer contemplando la Catarata, una vista realmente espectacular y alucinante.

La siguiente caminata la hicimos después de descansar en la casa de los Baquianos, ya que hacer el camino de vuelta y después otra Catarata hubiera sido realmente cansado. En la mañana nos dirigimos con otras dos personas a La Chindama. Esta caminata constó más de pasos por el río y mojándonos hasta la cintura en algunos casos, además las piedras del rio siempre son peligrosas porque una vez mojadas, se vuelven muy resbalosas, así que hay que ir cuidando el equipo y las rodillas.

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Celeste.

¡La catarata de Chindama estaba celeste! Me dijo Javi que cuando él había venido hace una año el agua no era de este color, y dicen los Baquianos que con la caída de ceniza del Turrialba, el agua comenzó a tener estos colores intensos. La poza realmente nos quitaba el aliento. ¡Ninguno quería ir abajo a ser sujeto de las fotos del otro porque queríamos seguir tomando fotos! Aquí pasamos el día y decidimos meternos a la poza junto a la catarata dado que era necesario para nuestro cuerpo y nuestra alma. El agua fría nos hizo sentir un alivio inmenso y una conexión perfecta con la belleza de lugar que nos rodeaba.

¡Aquí los dejo con la Galería del paseo!

 

 

 

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